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La ansiedad quiere liberarte de tus trampas mentales.

Nicoletta escribe al equipo editorial de la psicosomática Riza: “Durante mucho tiempo he padecido un estado deansiedad permanente que me impide vivir “libremente”; No puedo viajar largas distancias en coche o tomar el tren o el avión solo, por miedo a enfermar. Es como si me sintiera desorientado incluso con la idea. Si hay un familiar o amigo conmigo no hay problema, pero solo es imposible. Por si fuera poco, hace unos años que no cojo el ascensor, sufro de claustrofobia, no me gustan los lugares abarrotados y cerrados. Vivo en una jaula, como si hubiera restringido tanto mi zona de confort que me sofocara. Solo quiero vivir tranquilamente y en paz, en cambio estoy preso porangustia y desde la certeza de no poder hacerlo solo, pero de niño era muy independiente, rebelde y siempre quise hacer todo a mi manera: ¿cómo pudo haber ocurrido tal cambio? ».

Encerrarse en uno mismo amplifica la ansiedad

Ante las dificultades de la vida, el ser humano suele reaccionar de formas pocas y predecibles y una de ellas es encerrarse en defensa de su territorio, como si nuestro cuerpo fuera un estado soberano y su ejército custodiara sus fronteras. Es un patrón universal de comportamiento que compartimos con el resto del mundo viviente, con una diferencia fundamental: una vez que pasa el peligro, los animales vuelven a sus hábitos habituales. Por otro lado, hombres y mujeres pueden perpetuar ese comportamiento defensivo hasta el amargo final, como le ocurre a Nicoletta.

¡La mente engaña y paraliza, no la ansiedad!

¿Qué explica tal diferencia? El problema del hombre está todo en la mente y en la pretensión de controlar cada detalle de la vida, a fin de prevenir cualquier posible peligro. Por ejemplo, la mente de Nicoletta crea este tipo de pensamientos: “Si tienes una crisis de ansiedad y no estás en casa ni en compañía de alguien, ¿cómo vas a sobrevivir? Es mejor tener cuidado, nunca se sabe lo que depara el futuro, quédese aquí donde se sienta seguro “. Así empieza a salir cada vez menos, a recorrer unos caminos conocidos hasta que descubre con consternación que la sola idea de alejarse de la “zona de confort” es fuente de angustia.

La ansiedad viene a liberarte

Pero, ¿es realmente así? ¿Realmente es ansiedad tener que callarte en casa? No, de hecho es todo lo contrario: que la ansiedad se hace cada vez más fuerte porque el alma se rebela contra el destino aprisionado en el que Nicoletta se refugió. ¡Esas crisis son la solución, no el problema! Algo dentro de ella le grita toda su oposición a vivir una existencia retraída y lo hace con malestar, que la mente malinterpreta (o al menos: desde su punto de vista) invirtiendo su significado. Ella misma lo afirma, cuando confiesa tener “la zona de confort está tan restringida que permanece encarcelada “. Así fue exactamente: el cierre solo la hizo más insegura, a merced constante de creencias disfuncionales. Advertencia: Nicoletta no está enferma si va en auto, tren o avión, está enferma “con la idea” de tomar esos vehículos y moverse. Sentirse mal “ante la idea” de que algo sucede es un hecho mental, es decir, es una ilusión.

No eres (solo) quien crees que eres

Nicoletta dice que de niña ciertamente no fue una niña temerosa: al contrario, luchó por ser independiente y por hacer las cosas a su manera. Al crecer, se olvidó de lo valiente que era y se dejó seducir por la tentación de la seguridad y la tranquilidad. Ella no estaba hecha para estas cosas y por eso su alma la hizo consciente del abismo de la inseguridad, delansiedad y dependencia de los demás, como para decir: “No necesitas estas falsas certezas en absoluto, pero si las crees te haré saber lo que significa el asombro, el miedo constante al fracaso, la sensación de indefensión perenne”. Todas las personas que padecen este tipo de ansiedad en primer lugar, temen su singularidad, tienen miedo de perder el control de su vida al revelar partes de sí mismos que no querrían que otros vieran. En la infancia, Nicoletta no temía su ira, su terquedad, su deseo de emerger incluso en contra de la opinión de los demás, mientras que la mujer de hoy es la primera víctima de sus miedos. Afortunadamente, el recuerdo de esa pequeña que estaba puede darle la llave para salir de la jaula y no volver nunca más: ¡es solo cuestión de intentarlo!

Reactiva hoy el “niño rebelde” que eras

La mente superficial vive en el tiempo lineal, el del calendario: en este tiempo, la niña que era Nicoletta ya no está. La mente profunda vive en otro territorio atemporal donde esa pequeña niña está eternamente presente. Por eso, cuando la angustia parece abrumarla, Nicoletta puede hacer un simple ejercicio: cerrar los ojos e imaginarse a la pequeña Nicoletta actuando en su lugar. ¿Qué haría él? ¿Se escondería en las faldas de su madre o se tomaría la vida con dureza, sin miedos de ningún tipo? E incluso si cayera, ¿renunciaría a sus objetivos o volvería a intentarlo con renovado vigor? Sabemos la respuesta y ciertamente Nicoletta también la sabe: todo lo que necesita para recuperar su vida se encuentra recogido en la mirada de su hijo, que aún vive en su interior. Confiarse en el niño interior, dejarse llevar por él en las dificultades de la vida, es una práctica milenaria, que podemos y debemos recuperar.

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